Manuel de la Sota
Soy una Sota de verdad. Blando no espadas ni bastos, tampoco copas ni oros: blando un lápiz, que representa la necesaria creatividad en este mundo convulso que vivimos. Más de tres décadas de trayectoria me permiten afirmar esto sin temor a equivocarme: nos falta imaginación.
Ya no es únicamente el lápiz, claro está. Se han multiplicado medios y canales, acaba de surgir —como quien dice— la inteligencia artificial, que ofrece y amenaza al mismo tiempo. Hemos vuelto a dar la vuelta al calcetín del paradigma. Y ya van... Aunque yo no lo creo. O no lo veo tan así.
Las organizaciones —con sus marcas— sólo pueden estar ancladas en lo mismo de siempre: su verdad. Nuestro papel como profesionales del diseño y la comunicación no es otro que contribuir a desplegar esa verdad de la manera más atractiva y eficaz. Y nunca, nunca mentir; nunca disfrazarlas de lo que no son. Naturalidad frente a impostura: en esto sí creo.
En Imaginarte practicamos una comunicación clara y natural, e invitamos a nuestros clientes a practicarla también. Sobre la base de la confianza. Porque la confianza no es hoy una opción sino el camino: entre los clientes y nosotros, y aún más entre los clientes y sus audiencias, mercados o consumidores. En un mundo en el que, precisamente, se observa una grave crisis de confianza, las marcas deben agarrarse a ella si quieren fortalecerse y sobrevivir.
Muchos piensan que la comunicación —y el diseño en particular— son las guindas del postre. Nos llaman para ponerlo 'bonito'. No. Diseñar y comunicar son herramientas de transformación potentísimas. Si se las quiere efectivas, han de formar parte de la estrategia desde el principio. También en esto creemos en Imaginarte: en que un pequeño lápiz puede ser el más demoledor caballo de Troya, sotas aparte.
